sábado, diciembre 24, 2011

Me pregunto que significa querer escribir cartas de amor. Creo que lo que pasa es que no tengo ganas de callarme, que quiero hacerme cargo de las descargas eléctricas que me cruzan a diario y quiero hacerlo desde un sitio que para mí es a todas luces difícil. Esto de las cartas de amor esta directamente relacionado con el ejercicio de transformación corporal. No sé exactamente el por qué pero la adrenalina del cuerpo me pone en contacto con la necesidad de fortalecer el corazón de otras maneras y una de ellas es diciendo: TE AMO.

Decir TE AMO es revolucionario, pero un TE AMO sin lastres romáticos, sino pura carnalidad y pulsación, cada descarga que hace que el corazón bombee sin parar, esa falta y ese exceso de óxigeno en los pulmones, algo muy parecido a lo que me sucede a diario mientras corro de forma frenética sin cambiar de espacio.
Tj es así: lumínica e incontestable. La veo relucir desde la velocidad horizontal de esta máquina que me transporta. La ciudad paradoja, la ciudad más fea y atractiva del mundo. Creo que todo sigue siendo cuestión de actitud y eso le sobra a esta latitud. Love u Tj land.

viernes, diciembre 23, 2011




Un regalo from La Errería House of Bent.
Gracias queeridxs!
Día 79

Acercarse a la meta siempre hace desfallecer un poco.

5.63 km closer.

jueves, diciembre 22, 2011

Quiero aprender a escribir cartas de amor.
Día 78

De repente entre la adrenalina y las endorfinas descubro una forma de meditación.

6.59 km closer

miércoles, diciembre 21, 2011

LAS FRASES COTIDIANAS Y BONITAS

Las encuentro en cada rescoldo, en cada titubeo, en cada interrupción, en cada grito que surca la calle, que atraviesa las ventanas (del coche, de la casa, de los párpados), las escucho como se escucha lo eternamente cotidiano, lo desechado por conocido, eso que no hace huella o mella en los sentidos, otra forma de decir palabras o frases hechas. Sin embargo, en esta vuelta, las escucho y caen en el fondo del oido de una forma pavorosa y alegremente nueva. Se convierten en babelias de significados, en cajas chinas de conotaciones. Volver a un continente es volver a una casa del lenguaje que creímos (ilusamente) abandonada.

En este preciso momento vienen a mi dos de estas frases:

1. Hacer la lucha/está haciendo la lucha/ hizo su luchita/ todos los días nos levantamos para hacer la lucha. (Esto que suena revolucionario y en México significa: trabajar)
2. Hormiguear (un verbo hecho de insectos, una palabra tan bonita que podría caer en la tentación de querer decirte: hormiguearte todo el cuerpo, devenir insecto para causarte risa).
Toda innovación tecnológica, que busca intalarse en nuestros contextos cotidianos, viene acompañada de etiquetas que nos dicen: hace la vida más fácil, ahorra tiempo. Sobretodo esto último, siempre nos estan compeliendo a ahorrar tiempo y al mismo tiempo, este economía del tiempo nos podría llevar a replantear nuestra noción de futuro. Es decir, en las narrativas del progreso teleológico, el futuro es la directriz suprema. Sin embargo, bajo las circunstacias actuales, cabría preguntarse si el término futuro guarda un horizonte de sentido y piede avizorarse como una posibilidad plausible y/o mercantilmente deseable. Más aún, si nuestras vidas se rigen por el ahorrar tiempo, ¿no sería redundante seguir pensando en el futuro?, porque lo que los gadgets tecnológicos parecen decir es: el ahora es lo que importa. El ahora ocupa en las narrativas actuales el peso que en otros momentos históricos perteneció al concepto de futuro.

Día 77

Es difícil y es necesario: como todo lo que vale la pena.

6.67 km closer

martes, diciembre 20, 2011

Tengo tiempo reflexionando sobre "lo obvio", es decir, eso que parece estar de forma omnipresente en nuestro entorno cotidiano: lo obvio de la corrupción, lo obvio y recalcitrante del machismo heteropatriacal y su violencia exacerbada; la dura y obvia imagen de gente muriendo de hambre; la obvia obscenidad de los cuerpos destrozados, de las guerras, de la reyertas del crimen organizado. Lo trivial de hablar cada vez más con lenguaje militares y explicarnos la realidad desde esas claves. Lo obvio de toda la inmundicia que nos rodea.

Me parece curioso que siempre que se habla de esas realidades, que se las crítica, la gente salta diciendo que estamos hablando de obviedades, de secretos a voces. Lo que me preocupa seriamente es cómo lo atroz de estos fenómenos ha pasado a ser obvio, cuál es el proceso mediante el cual se volvió cotidiana la masacre, la mentira, la amenza, la corrupción. Siento que quienes hablamos en voz alta de "lo obvio" estamos de alguna manera siguiendo un hilo de Ariadna y, sobre todo, estamos diciendo que esa pantalla de obviedad o naturalización artificial no tiene nada de sencilla, porque resignarse a tildar los sucesos cruento de obvios es resignarse a que son irrevocables.


Requiem.
27 de agosto 1941- 17 de diciembre 2011
Día 76

Las piernas son también sinónimo de ráfagas de sangre, de fuego.

18.34 km closer

lunes, diciembre 19, 2011

La belleza en el temblor de manos. Recordar el frío, sentir el frío de manera inédita, borrando todo recuerdo del frío antecesor, esa forma de hacer que el cuerpo siempre en presente frente a lo que acontece. Amo esta sensación de inmediatez ante la inclemencia del clima. Pensé que nunca más el frío, pero nos alcanza y nos dice que no importa la coordenada, que sigue siendo capaz de limpiarnos de todo, de arrancarnos del pasado y traernos perpetuamente al ahora. Bendito frío.
UN HERMOSO, EXPLOSIVO, COLOMBOAMERICANO REGALO POÉTICO DE NAVIDAD.

La poesía de Laura Jaramillo

Aquí un muestra y si quieren más denle click al poema:

FASCISMO TROPICAL

Escribir es aburrido
y difícil hoy estoy llena
de estúpidos celos hasta de los textos de
los comerciales y de las revistas de farándula

“viaje de vacaciones a un país
en guerra” son versos de

un poema de guerra mitad
terminado nace esa incómoda

sensación, haber sido
sólo un proxy de mí misma


Extraído de un blog okupado por contrapoetas: contrabando
Días travestis.

domingo, diciembre 18, 2011

Malas y buenas noticias

MARUJA TORRES 18/12/2011, tomado de aquí

Cuando ustedes lean esto, y si todo ha ido bien, me encontraré en Roma disfrutando de la tenue iluminación navideña de aquella ciudad del sur del euro, y del calor de dos de mis grandes amigas, Irenísima y Francescona, que es como decir Nueva York a principios de los noventa -un antiguo speakeasy, bourbon, furiosas charlas sobre literatura- y Beirut a mediados de la primera década de este siglo, gintonics al atardecer en la terraza superior del hotel L'Albergo e irónicas conversaciones sobre la guerra. Cuando el año termina es conveniente visitar a los que nunca nos fallaron, ni llevan camino de hacerlo.

"El mundo está hecho un asco, pero el periodismo será mejor"

Pero mientras escribo ahora me encuentro en el agostado terreno de la despiadada realidad. Por una parte, el pimpante Cuarto Reich nos engulle, y esta vez sin que se produzcan heroísmos a lo Casablanca: más bien en estrecha colaboración con La Marsellesa. Medievalmente, Arabia Saudí nos confirma que toda aberración puede convivir en un mismo plano temporal. Allí, los machos dominantes claman que, de permitir a las mujeres que conduzcan, se producirá una pérdida simultánea de la fidelidad, la virginidad y la exclusividad (¿nada sobre la depilación al caramelo?), con el consiguiente aumento de la disminución de control viril por parte de los tripudos caballeros. Pero, tontines: si no tienen pasaporte, ¿no veis que no pueden huir de vosotros, que es lo primero que tendría que hacer cualquier saudí sensata al verse al volante de su propio Ferrari? Lo suyo sería enviar a ese fascinante país tan amigo de Occidente a una legión de psicoanalistas argentinas no lacanianas, para someterles -a ellos, claro- a una brutal terapia de grupo. En fin.

Asistimos también al renacimiento de un género periodístico: el desechable es el reportaje. Ah, ¿quién dijo que los periodistas estaban acabados? Puede que hasta yo misma, en un momento náufrago. Pues no. Poco a poco, y pese a las dificultades añadidas por la coyuntura a los problemas que siempre tienen los colegas, la profesión ha ido recuperando su verdadero espíritu: el de buscar porquerías y sacarlas a la luz. Son tantas las basuras morales que se acumulan a nuestro alrededor, especialmente en el terreno de las ex prestaciones sociales, que lo que fue un mero suelto perdido en un rincón de la página -"Fallece de frío un vagabundo a la puerta de una tienda de Gucci"- se ha convertido en una sólida cantera proveedora de temáticas.

Nunca tantas personas a la vez, durante tanto tiempo y por culpa de tan poca gente habían pasado, de un plumazo -yo empezaría a usar la palabra masazo, de Artur Mas- a ejercer la condición de desechables, a merced de que cualquier plumilla se les acerque y les interrogue. Y digo plumilla como sinónimo: un reportero armado con cualesquiera que sean los útiles tecnológicos que precise.

Entiéndanme, esto no es una queja. Bien al contrario. El mal que supura nuestra sociedad tiene que ser puesto en evidencia, y cierto es que cada vez más los medios -cada vez más digitalizados, añado- dedican mayor espacio a las tragedias individuales producidas por el capitalismo gore (me adueño de la acertada definición de la escritora Sayak Valencia). Se produce el hallazgo de la víctima -si viva todavía, se la interroga-, se realiza el seguimiento de la noticia, hablan los parientes, se inician los pleitos... Magnífico. Esta labor periodística tiene como objetivo no sólo informar, sino, como decíamos cuando yo era joven, ayudar a tomar conciencia. En los dos sentidos: de ser consciente y de que la injusticia te duela por dentro. Sólo una sociedad informada puede acceder a ese estadio superior del ser humano que es el dolor por la arbitrariedad y la crueldad padecidas por otros, y pasar de ahí a la tolstoiana pregunta "¿Qué podemos hacer?". Y así, rumiándolo, quién sabe.

Creo que un excelente complemento de este tipo de periodismo sería ir a donde los responsables -y culpables- y, sin llegar al acoso que acecha a la Campanario, por poner un ejemplo, sacar a la luz quiénes son, a qué dedican el tiempo libre, cuánto ganan por matar con decretos, a qué colegio van sus hijos, a qué mutua pertenecen...

El mundo está hecho un asco, pero el periodismo será mejor.

R balbucea. Repite una y otra vez el martilleo de su voz de astillas contra los huesos. R, lee el aire o imagina que lee el aire. Una invisible cortina de texto. Toca como si de una sinfonía imperceptible se tratara el viento. Luego, sigue el trastabilleo enloquecido, el balbuceo acompañando su cara de éxtasis.

Cuando termina me confía que lo que acabo de presenciar se llama hablar en lenguas.