sábado, diciembre 31, 2011


Esperando al nuevo año con buena música.

P.D. Te beso (toda)


Sigue siendo un hermoso combate...


Betiko Argia


2012

viernes, diciembre 30, 2011

I LOVE SAN FRANCISCO!!!

Besos de la distancia...


miércoles, diciembre 28, 2011




...at the same time...

cuando llegué a la bahía me acordaré de tí y sabré que algún día pisaremos ese mismo sitio mientras el viento nos desarregla el cabello.

(By the way, estoy haciendo la maleta más desastroza de la historia y eso me hace sonreír)
Siempre escribir de otra manera, el deseo de las cartas, el otro deseo que se desborda y me lleva. Las cartas de amor que escribo en realidad son una respuesta a mi vocación frustada. Quiero escribir cartas de amor y en realidad estoy haciendo un soundtrack.

Unx siempre quiere escribir otras cosas, a veces leo libros que yo hubiera escrito, a veces sé que otrxs lo han hecho ya siento todo esto como un juego, una obra de teatro a gran escala. Me río y disfruto de la maravilla de encontrar libros que unx hubiera deseado, con contodo el cuerpo, escribir.

martes, diciembre 27, 2011



Algún día subiremos a Asturias e iremos a Las Arenas, tocaremos la puerta de la casa de Ana D, llevaremos un ramo de lirios asiáticos blancos, le besaremos las manos, el rostro se nos llenará de lágrimas sólo con que ella diga: hola y luego marcharemos hacia el mar.
siempre tengo que hacer una maleta, siempre tengo que tender la cama...

(a veces pienso que no debería escribir cosas como estas, que debería pensarlas, pensarlas de forma vehemente hasta que se vuelvan niebla, pero la mayoría de las veces se vuelven un loop chocando contra las paredes, frotándose ferozmente contra el cerebro, haciendo fuego...)

tengo que hacer una maleta... tengo que tender la cama... siempre... la maleta y la cama a cuestas como una cruz personal... una cruz errante, una cruz lesbiana... la maleta y la cama...

lunes, diciembre 26, 2011

"A la lluvia no le conmueven vuestras jodidas alegrías, ni vuestras jodidas fatigas, ni vuetros jodidos dolores. (...) Toda esa maravilla os ignora."

--Angélica Lidell. La casa de la fuerza. págs. 43-44.
Joder, creo que para poder escribir, escribir de verdad, escribir lo que quiero escribir desde hace muchos años, sin sosiego, con palabras simples y manchadas de polvo, con palabras veloces atravesando el velo del pudor en el cerebro, para eso, para eso, necesito mi máquina de escribir que está 10,000 km de distancia y para llegar a ella (escalando el aire o corriendo el desierto o pedaleando en las montañas) para ello, me hace falta todavía mucho tiempo.


Quisiera que Angélica Liddell viviera para siempre, para siempre. Quisiera seguir leyéndo sus libros una y otra vez, esa forma sería la única admisible de pensar en la eternidad.

(Primer boceto del amor y la eternidad)


A la distancia...
Día 80

Llego a este día casi sin darme cuenta, maybe todo a partir de aquí será mucho más easy.

3.45 km closer.

domingo, diciembre 25, 2011

Quisiera que la velocidad de la cabeza fuera la velocidad de las letras.
" Te echo tanto de menos que aunque alguien se detuviera frente a mí y me hiciera señales, yo no distinguría nada, nada. Pensaría en ti y pensaria en ti."

--Angélica Liddell. La casa de la fuerza. p. 127.

La mejor forma de pasar navidad es leyendo de principio a fin este libro. De unas manos a otras manos.
dijiste: Tiramisú es "Caer hacía arriba"
Sábado 24 diciembre 2011 | 12:40
publicado por Christian Leal

Acostumbrados a dejarnos seducir por la publicidad y las partidas de edición limitada, parece raro que alguien tome conciencia de cómo las empresas nos empujan a comprar sus productos, marcando los roles de hombres y mujeres en la sociedad.

Más raro todavía, si es un niño de 5 años.

Es el caso de Riley, una pequeña que en medio de la juguetería, pregunta molesta a su papá por qué sólo los niños pueden comprar super héroes, mientras que las niñas se supone que deben comprar princesas.

“¿Y por qué crees tú que pasa eso?”, la alienta su papá.

“Por qué las empresas nos engañan para que compremos las cosas rosadas”, espeta Riley. “Algunas niñas pueden querer los super héroes y algunos niños querer las princesas. ¿Por qué sólo las niñas vamos a tener que comprar lo rosado y los niños las cosas de otros colores?”.

Una claridad envidiable.


De Blancanieves a Rapunzel, el cuento oculto de las princesas

Sábado 24 de diciembre de 2011. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente : Periódico Diagonal

La construcción de estereotipos femeninos en las heroínas de la factoría Disney

Sumisas, obedientes y amantes esposas o personas independientes, con capacidad de elección: ¿en qué queremos que se conviertan las niñas?. Hace unos días, Disney España lanzaba una nota de prensa en la que afirmaba que el 90% de las niñas españolas prefería disfrazarse de princesa antes que de médica, animal o flamenca. Una cifra altísima... si fuera real. En realidad se trata del 90% de las hijas de entre 4 y 7 años de 359 mujeres españolas. Teniendo en cuenta que, según los datos de 1999, en España viven 10.165.237 mujeres con hijos e hijas, no parece que sea una muestra muy representativa.

Aún así, no hay que subestimar la influencia de Disney: hablamos de una industria que mueve millones cada año, que lleva presente en el imaginario colectivo desde 1937 (cuando estrenaron su primera película, Blancanieves y los siete enanitos) y que, sólo con sus princesas, genera alrededor de 4.000 millones de euros. La propia compañía estima que cada niña ve unas 40 veces el DVD de su princesa favorita (no dice nada acerca de los niños).

Como dice Ismael Ramos Jiménez en Desmontando a Disney: hacia el cuento coeducativo (tercer premio en el certamen de materiales curriculares coeducativos Rosa Regás, editado por la Junta de Andalucía), “las historias de Disney cuentan con presunción de idoneidad para educar, así como legitimidad cultural a la hora de enseñar valores e ideales”.

Sin embargo, como señala el especialista en cuentos Jack Zipes: “las historias Disney reproducen estereotipos de género que tienen un efecto adverso sobre los niños, al contrario de lo que los padres puedan pensar […]. Ellos creen que son esencialmente inofensivas y en absoluto lo son”.

Construcción de roles

“La asociación de roles de género en los niños y niñas comienza a edades muy tempranas: con tres años ya se tiene una idea clara de lo que corresponde a cada rol”, explica Eva Velasco, agente de igualdad en el barrio de Hortaleza (Madrid). Un aprendizaje que ocurre por imitación de la familia, los amigos y los personajes televisivos, como las heroínas de Disney. Y en las historias de princesas, en general, el elemento femenino, aunque sea protagonista, está subordinado al masculino: la salvación de la princesa depende de él. Es decir, que las mujeres no son capaces de cuidar de sí mismas y necesitan la ayuda de un hombre. Al menos, todas las mujeres que no sean una bruja.

Porque Disney sólo ofrece dos modelos de mujer: la princesa joven, guapa e inocente que acaba conociendo al hombre de sus sueños para unirse en matrimonio (Pocahontas es la única película en la que no hay boda) y que con las excepciones de Bella y Tiana jamás coge un libro o tiene un trabajo; o la bruja, generalmente madura, con curvas, independiente, poderosa e inteligente, pero fea y malvada. No es de extrañar que las niñas quieran ser la princesa.

La princesa, en casa

Y la princesa tiene un ámbito claramente definido: el privado. Incluso en el caso de las últimas heroínas – Mulan, Rapunzel– en el que se ha querido dar una imagen más activa y moderna de la mujer como ser actante e independiente, vemos cómo al final pasan del cuidado del padre al de su pareja. En el caso de Mulan, ésta llega incluso a rechazar cargos en la corte imperial para poder volver a casa con su padre y, posteriormente, casarse. Salvando las distancias, algo similar al final de Piratas del Caribe (también de Disney, por cierto): la rebeldía no es más que un pequeño periodo de libertad antes de pasar a ser una fiel y enamorada esposa (y madre). En el mundo Disney son los hombres los que dominan la esfera pública, los que ostentan el poder y tienen un estatus de supremacía: reyes, visires, príncipes, caballeros, etc.

Uno de los ejemplos más paradigmáticos, como comenta Ramos, es quizá El Rey León, donde el espectador es testigo de “la lucha encarnizada por el poder entre los machos por una parte y la exclusión de esta lucha y la pasividad de las leonas por otra, cuando por todos es sabido que estos felinos hembras son los animales más fieros en la caza y protectores de la manada; atributos que Disney les niega para relegarlas a meras espectadoras pasivas del trasvase de poder entre machos”.

Disney construye así un mundo bipolar, en el que la belleza, la seducción y el hogar son del dominio de las chicas y la fuerza, la violencia y la vida pública, de los chicos. Como bien concluye Ramos, “tras consultar a muchas niñas y a muchos niños cuáles eran sus películas favoritas de dibujos hemos obtenido multitud de títulos de Disney. Tras preguntar también a muchas niñas y niños cuáles eran sus personajes favoritos de Disney podemos concluir que las niñas quieren ser princesas y los niños no”.